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Con más de un
siglo de existencia (1854 - 1998), la hacienda Santa Gertrudes,
a diferencia de muchas haciendas cafeteras que tuvieron un corto
periodo de vida, superó todas las crisis y dificultades
sociales y económicas de aquel tiempo para convertirse
en un lugar único.
La hacienda progresó gracias a la eficiente organización
administrativa y a la sólida fortuna de la familia propietaria,
que permitía inversiones a largo plazo en cultivos y
máquinas. |

"Florada
do Café" by Antonio Ferrigno.
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El
fiel cumplimiento de la legislación, que llegaba muchas veces
a anticiparse a los problemas legales, y las buenas relaciones de
trabajo evitaron las crisis agudas y, de esta manera, la hacienda
Santa Gertrudes siempre pudo adaptarse a las nuevas circunstancias
en lugar de sucumbir. Aunque actualmente ya no se cultive café,
esta propiedad continúa existiendo y provocando la admiración
de sus visitantes.
Esta hacienda marcó un hito en la historia agraria de San Pablo.
Se originó de una sesmaria, la del Morro Azul (la sesmaria
del Morro Azul fue concedida, en 1817, a Joaquim Galvão de
França, José Galvão de França, habitantes
de Itu, y Manoel de Barros Ferraz de Piracicaba), al igual que otras
importantes haciendas de caña y café, como Ibicaba,
Morro Azul y Paraguaçu.
Como Ibicaba, que le perteneció a Nicolau de Campos Vergueiro,
Santa Gertrudes también nació de la repartición
de las tierras de un ingenio. Su origen se remonta a la época
de la granja "Laranja Azeda" (Naranja Agria) que pertenecía
a Amador de Lacerda Rodrigues Jordão, hijo del Brigadier
Manoel Rodrigues Jordão, uno de los hombres más notables
de su tiempo por su riqueza y prestigio, y de Doña Gertrudes
Galvão de Moura Lacerda, dama honoraria de carácter
imperial, figura representativa de la sociedad paulista del siglo
XIX y propietaria de varias haciendas.
En 1852, Amador de Lacerda Rodrigues Jordão se casó
con Maria Hypólita dos Santos Silva, hija del Barón
de Itapetininga. En 1858 fue nombrado Barón de São
João do Rio Claro. Este título lo habría recibido
de la repartición de bienes de su madre Getrudes, en 1848.
Amador también fue diputado provincial y nacional.
Según el mito, Amador de Lacerda Rodrigues Jordão
habría cambiado el nombre de la hacienda, de Laranja Azeda
a Santa Gertrudes, en homenaje a su madre. Pero sólo en 1856
esta nueva denominación pasó a predominar en la documentación.
Inicialmente, en la hacienda Santa Gertrudes se cultivaba caña
con vistas a la producción de azúcar y de aguardiente,
pero luego, poco a poco, el café fue y reemplazando a los
otros productos hasta llegar a ser predominante.
En 1857 la hacienda se dedicaba a la producción de azúcar
y café, y ocupaba un área aproximada de 585 alqueires
. En el año 1861 el café se convirtió en la
principal actividad agrícola del municipio de Rio Claro.
Por aquella época la propiedad producía 6000 arrobas
de café, 2000 de azúcar y 30 pipas de aguardiente.
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En 1870, a sólo 20 años de su nacimiento, la
hacienda Santa Gertrudes era una de las más grandes
de San Pablo y su propietario uno de los mayores hacendados
de su tiempo, ya que labraba tierras de riquísima producción.
En 1873, cuando el Barón São João do
Rio Claro fallece, la hacienda Santa Gertrudes pasa a ser
propiedad de su esposa, Maria Hipólita dos Santos Silva.
En 1876, la Baronesa de São João do Rio Claro,
contrae segundas nupcias con el Barón -que luego sería
conocido como Marqués- de Três Rios, que pasó
a dirigir los destinos de la hacienda hasta 1893.
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"Colheita
do Café" by Antonio Ferrigno.
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El año 1876 marcó un antes y un después
en la historia de la hacienda Santa Gertrudes, no sólo por
el cambio de propietario sino también por la llegada de las
vías férreas de la Compañía Paulista de
Ferrocarriles a Rio Claro.
En 1893, unos 40 años después de su nacimiento, la hacienda
Santa Gertrudes cubría un área de aproximadamente 700
alqueires. No sólo sus tierras se habían expandido en
más de una centena de alqueires sino que también su
producción había crecido hasta alcanzar las 30.000 arrobas
de café, cantidad que quintuplicaba la producción de
1861, cuando el número de arrobas era de apenas 6000. Gracias
a este crecimiento se convirtió en la mayor productora de café
del municipio de Rio Claro.
La casa principal de la hacienda, con detalles típicos de una
casa urbana -muy común en el San Pablo de aquel período
de expansión cafetera- era una verdadera casa señorial.
Los patios -en parte de ladrillos-, las dependencias para máquinas
de beneficio del café -situados en las proximidades de la casa
principal- y las viviendas de los trabajadores -repartidas entre los
600.000 pies de café- formaban parte de esta propiedad.
Ochenta y cinco casas para colonos formaban el núcleo habitacional
de los trabajadores. En 1893 los muebles e inmuebles de la hacienda
fueron valuados. Las transformaciones llevadas a cabo para la producción
de café lograron que el valor de la propiedad en 1893 fuera,
aproximadamente, 90 veces mayor que el de 1848.
En 1893, luego del fallecimiento del Marqués y de la Marquesa
de Três Rios, la hacienda fue heredada por Eduardo Prates
-el marido de la hermana de la Marquesa de Três Rios-, pues
ella no había dejado descendientes directos. En 1895, a pesar
de las alteraciones que se sucedieron por el cambio de propietario,
la hacienda siguió creciendo.
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"Lavagem
do Café" by Antonio Ferrigno.
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Eduardo Prates, un
capitalista de San Pablo, se convirtió en el propietario
de la hacienda cafetera Santa Gertrudes, considerada como una
de las más importantes de la zona.
Prates, de acuerdo con el título otorgado por el Papa
León XIII, había sido Conde de Santa Sé.
Además, era un activo hombre de negocios, y se convirtió
en el propietario de esta hacienda en un período excepcionalmente
favorable para la expansión del café.
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Eduardo Prates no era uno de aquellos pioneros que gastaban sus energías
en la lucha contra la naturaleza, sino que era un propietario enérgico
y capaz que se preocupaba por equipar la hacienda con la tecnología
más avanzada para lograr un mayor desarrollo.
Era un citadino transformado en hacendado. Al recibir la hacienda
(que perteneciera a la hermana de su esposa) como herencia llevó
al campo todas sus vivencias de hombre de negocios, siempre abierto
a las innovaciones. Se dedicaba a las actividades comerciales (importaciones
y venta de inmuebles urbanos) y bancarias, fomentaba la expansión
de la Compañía Paulista de Ferrocarriles, de la Compañía
de Almacenes Generales de San Pablo y de otras compañías
de transporte e industrias.
Como lo exigía su época, Eduardo Prates fue un activo
miembro de asociaciones que eran compatibles con sus intereses económicos,
como la Asociación Comercial y Agrícola de San Pablo
y la Sociedad Rural Brasileña. Prates complementaba su vida
empresarial con actividades religiosas y filantrópicas. Pero
estas actividades no eran sólo pruebas de fervor religioso.
Como Brasil era un país oficialmente católico, dichas
actividades proporcionaban un gran prestigio social a las personas
que las realizaban, por lo que Eduardo Prates recibió a cambio
el título de Conde de Santa Sé.
En 1898 la casa principal de la hacienda ya era iluminada a gas
acetileno y, cuatro años más tarde, en 1902, se firmó
un contrato con la central eléctrica de Rio Claro para que
llevara este nuevo tipo de energía e iluminación a
la hacienda. En 1904, el teléfono conectó la propiedad
con varios núcleos urbanos. La creciente necesidad de energía
eléctrica para las máquinas y los constantes cortes
de energía perjudicaban la producción. Este hecho
obligó a Eduardo Prates a romper el contrato con la central
eléctrica de Rio Claro y a instalar un motor Wolf, para así
contar con una usina eléctrica propia.
El crecimiento de la hacienda Santa Gertrudes y la construcción
de la estación de la Compañía Paulista de Ferrocarriles
en sus alrededores ayudaron a que el actual municipio de Santa Gertrudes
(1948) prosperase. La proximidad de la propiedad a la capital paulista
-que se encontraba a apenas cuatro o cinco horas de viaje en tren-
permitía al viajero conocer la hacienda cafetera en uno o
dos días, tiempo suficiente para recorrer las instalaciones
y la plantación.
Algunas veces, los visitantes de la hacienda eran invitados por
el propio gobierno del estado de San Pablo; otras veces por el propietario
o sus amigos. Generalmente, las visitas llegaban de la capital en
trenes de la Compañía Paulista de Ferrocarriles.
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"Secagem
do Café" de Antonio Ferrigno.
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La importancia de la hacienda Santa Gertrudes no sólo
reside en el hecho de que haya sido una propiedad modelo en
su actividad -el cultivo de café en San Pablo-, digna
de ser visitada por ilustres personalidades.
Además, esta propiedad era la principal productora
de café del municipio de Rio Claro, en el viejo oeste
paulista y, como tal, era un ejemplo de la compleja empresa
cafetera capitalista.
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Esta hacienda poseía la mayor concentración
de trabajadores extranjeros de la región. Entre 1897 y 1902
gran cantidad de familias italianas se iban a vivir a la hacienda
de Santa Gertrudes, así como un buen número de familias
brasileñas del estado (provincia) de Ceará, que, en
1920, también se dirigían hacia aquella propiedad. Durante
el período 1903 - 1914, los registros de los hospedajes demuestran
que algunas familias italianas, austriacas, portuguesas y españolas
se dirigían hacia esa hacienda.
Entre los años 1915 y 1920, los libros de visitas no muestran
a ninguna familia que se dirigiera a esta propiedad. Sin embargo,
los documentos de la hacienda registraron la llegada de varias familias
italianas y españolas procedentes de la Argentina y, de 1918
a 1919, se registró la entrada de japoneses. En 1920 los registros
de los hospedajes muestran que más de una centena de trabajadores
nativos se habían encaminado desde Ceará hacia Santa
Gertrudes. Durante el período 1921 - 1930, cuando la inmigración
nacional comenzó a reemplazar a la extranjera, la lista de
huéspedes indicaba que ya no había más inmigrantes
que estuvieran dirigiéndose hacia aquella hacienda.
Los libros que se pudieron conservar componen el acervo de la hacienda
Santa Gertrudes, y en ellos se puede encontrar información
minuciosa sobre las familias trabajadoras -su tamaño, su
fuerza de trabajo, su producción y sus ganancias- además
de algunas pistas sobre el cultivo que practicaban. En la hacienda
predominaban los trabajadores europeos, tanto en el cultivo del
café como en las demás actividades. Los italianos
y sus descendientes siempre fueron mayoría entre los colonos,
seguidos por los portugueses, los españoles, y algunos pocos
de origen germánica.
Los japoneses no se adaptaron al trabajo en esta propiedad. Hasta
1920 los trabajadores nacionales fueron una pequeña minoría,
pero posteriormente aparecieron con mayor intensidad, cuando un
gran grupo de habitantes de la provincia de Ceará fue incorporado
a la hacienda.
Entre 1895 a 1930, los trabajadores italianos representaban un
65% de la mano de obra inmigrante. Después del año
1900 este porcentaje aumentó por la llegada de un significativo
número de trabajadores italianos.
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Entre 1909 y 1918,
cuando la inmigración italiana que se dedicaba al cultivo
del café ya había disminuido bastante, los colonos
italianos representaban un 64% del total de los inmigrantes
de la hacienda.
Para no tener que contratar trabajadores a sueldo había
que mantener a las 150 familias que se ocupaban del cuidado
de, aproximadamente, 1.000.000 de pies (30.000 m) de café.
Los colonos, de tanto en tanto, cambiaban de ocupación
y se mudaban a otros destinos. Debido a estos movimientos migratorios,
el hacendado debía contratar trabajadores asalariados
para cubrir las necesidades de la propiedad. |

"Benefício
do Café" de Antonio Ferrigno.
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El empleo de estos trabajadores, llamados camaradas, aumentaba el
costo de la producción. Entonces, para evitar los problemas
que la inestabilidad del colono provocaba, el reclutamiento constante
de nuevas familias era siempre la gran preocupación del hacendado.
Según los cálculos efectuados en la hacienda Santa
Gertrudes debían ser contratadas un promedio de 35 nuevas
familias por año. Estas familias provenían directamente
de los hospedajes de inmigrantes de San Pablo o de las haciendas
de los alrededores (y algunas veces de los municipios de la región).
Como ya se afirmó anteriormente, la mayoría de las
familias empleadas para trabajar en el cultivo del café eran
italianas y cearenses.
Según los datos consultados en el hospedaje de los inmigrantes,
se pudo concluir que estas familias italianas y cearenses se dirigieron
a la hacienda de Santa Gertrudes, entre 1897 y 1902, y que fueron
incorporadas a esta propiedad en 1920.
El tamaño y la composición de las familias estaban
relacionados con la propia estructura familiar del país de
origen. Por ejemplo, las familias provenientes de Italia en el período
anterior a 1885 eran, en su mayoría, pequeños propietarios,
arrendatarios y campesinos de Veneto. Éstas eran familias
extensas, compuestas por dos o tres hombres con sus respectivas
mujeres e hijos. Después de 1885, la mayoría de las
familias de Braccianti, también originarias de Veneto, se
dedicaron al cultivo del café. Según declaraciones
de la época, la familia tipo estaba integrada por un máximo
de cinco personas, generalmente un matrimonio con hijos y, algunas
veces, también compuesta por el padre y/o la madre del jefe
de familia.
En el período de 1903 a 1914, los registros de los hospedajes
muestran que 30 familias de origen europeo se dirigían a
la hacienda Santa Gertrudes. De estas, un 63% eran italianas y austriacas
y las demás portuguesas y españolas. En 1920 la hacienda
recibió a un total de 132 familias cearenses, cuyo tamaño
era, en promedio, de 4,8 personas. A diferencia de las italianas,
las familias cearenses incluían, además de padres
y hermanos del jefe, algunos agregados: cuñados, tíos,
primos, sobrinos, abuelos o nietos. Estos datos demuestran que las
exigencias sobre la composición de las familias que se ocupaban
del cultivo de café en San Pablo estaban disminuyendo.
Por otro lado se constata que, con cierta regularidad, aparecían
mujeres jefas de familia, lo que era bastante raro entre los grupos
de italianos y europeos. En el caso de los cearenses, la mayoría
de las jefas eran viudas, pero también podían ser
mujeres solteras con hijos y mujeres casadas, sin marido, con hijos
y otros parientes.
Lo que más importaba en el cultivo del café era la
cantidad de personas, preferentemente hombres, aptas para el trabajo.
Se consideraba "persona apta para el trabajo" a cualquier
individuo de entre 12 y 60 o 65 años.
Al hacendado le interesaba conocer, además del número
de trabajadores, el tamaño y la composición de la
familia, pues los demás miembros podrían ser utilizados
en la cosecha a partir de los 7 u 8 años de edad.
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"Expedição
do Café para a estação de trem"
de Antonio Ferrigno.
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En aquella época,
los inmigrantes seleccionados como mano de obra no sólo
eran clasificados por sexo, sino que también eran distribuidos
en tres grupos por edades -de 0 a 12 años, de 12 a 45
años y de más de 45 años-. O sea que existía
un claro intento de conocer la fuerza de trabajo potencial de
estas familias.
Sin embargo, una de las exigencias para que el estado brasileño
subsidiara el viaje de la familia estipulaba que ésta
debía estar formada por agricultores y tener, por lo
menos, un integrante masculino entre los 12 y los 45 años.
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El 55% de los italianos y el 60% de los cearenses tenían
12 años o más y, por lo tanto, eran considerados
aptos para el trabajo.
Toda la información importante que se encontró
entre la documentación de la hacienda Santa Gertrudes
sobre estas familias indica que el 49% de los italianos y
también de los cearenses eran "personas trabajadoras".
Este grupo estaba formado por 26 familias italianas, compuestas
de un total de 126 personas, de las cuales 62 eran "trabajadores".
De las 498 personas que formaban las 101 familias cearenses,
246 eran "trabajadores". Partiendo del supuesto
de que todos los hombres mayores de 12 años fueran
trabajadores efectivos, se podría deducir que la diferencia
entre los porcentajes presentados anteriormente (55% - 49%
= 6% de los italianos y 60% - 49% = 11% de los cearenses)
quedaba en manos de las mujeres de más de 12 años
que no participaban del trabajo productivo. Estos porcentajes
fueron usados para determinar la composición de las
26 familias que figuraban en la documentación de la
hacienda. 70 de las 126 personas que las formaban tenían
12 años o más y 36 eran hombres y 34 mujeres.
Si todos los hombres mayores de 12 años eran considerados
trabajadores, entonces había un total de 62 trabajadores.
De esto se concluye que de las 34 mujeres, 26 estaban incluidas
entre la fuerza de trabajo. Durante el período de introducción
del café en San Pablo, el retrato de las familias que
inmigraban para el cultivo de este producto muestra que los
grupos familiares no eran tan numerosos como los dueños
de las haciendas pretendían. Eran de tamaño
mediano y estaban compuestos, en promedio, por cinco miembros
relativamente jóvenes.
La Familia en el cultivo del Café: Producción
y Sueldos.
Al combinar las distintas formas de producción, el
colonato le otorgaba al colono un sueldo en dinero por el
cultivo y la cosecha, y también por la producción
para la subsistencia. El dinero recibido por el cultivo y
la cosecha generalmente no saciaba las necesidades de la familia.
Los sueldos pagados a los colonos variaban de región
en región, de hacienda en hacienda, de año en
año, e incluso dentro de una misma hacienda. La cifra
estaba directamente relacionada a las condiciones de la labranza
para la subsistencia y dependía de las condiciones
de oferta y demanda de mano de obra.
Estos sueldos provenían de tres fuentes: del tratado
de cada unidad de 1.000 pies de café (el tratado consistía
en desmalezar las tierras de tres a cinco veces por año);
de la cosecha de cada alqueire de café; y de cada jornada
de trabajos adicionales que se realizaban para el hacendado,
según las necesidades de la hacienda.
La documentación de la hacienda Santa Gertrudes permite
analizar cuánto representaba cada una de las fuentes
de ingreso monetario en el rendimiento familiar total, ya
sea en relación al tamaño de la familia, a la
fuerza de trabajo, o a los años de buena o mala zafra.
El tratado, tanto en relación al tamaño de
la familia como al número de trabajadores, llegaba
a representar casi la mitad del rendimiento monetario del
colono, mientras que la cosecha conformaba cerca del 39%.
El resto de los ingresos eran atribuidos a los trabajos adicionales
y a otros servicios.
El tamaño de la familia no provocaba mayores variaciones.
A medida que aumentaba el número de trabajadores del
grupo familiar, el porcentaje que ocupaba el tratado tendía
a disminuir, mientras que las otras fuentes ganaban en importancia.
La documentación de la hacienda Santa Gertrudes permitió
calcular el detalle de los ingresos de una familia de colonos
que habitara aquella propiedad en 1913. Esta familia, compuesta
por marido, mujer, dos adolescentes de entre 12 y 16 años
y un niño pequeño, aparece en la documentación
de la hacienda como una familia de 5 personas y 2 trabajadores.
En 1913 la mujer trabajó 5081 pies de café,
y recibió por eso R$ 406$480 , cosechó 903 alqueires
de café por la suma de R$ 415$500 (este fue un año
de excelente zafra) y trabajó 33,25 jornadas adicionales
por un total de R$ 74$625, además de cobrar R$ 90$300
de gratificación por la cosecha, pagada por el hacendado
a todos los colonos que terminaron el año agrícola
en Santa Gertrudes.
Por lo tanto, esta familia recibió de la hacienda
el importe de R$ 986($ 905). De esto se puede concluir que
el sistema de colonato se presentaba ventajoso para las familias
que se encontraran en el ápice de su capacidad productiva
y supieran beneficiarse al máximo de la misma. Las
familias empleadas en las haciendas más cercanas a
los núcleos urbanos tenían la opción
de vender el excedente de su producción de subsistencia
y hacer ahí sus compras, evitando los elevados precios
del almacén de la hacienda, en una época en
que los productos de primera necesidad eran bastante caros.
Finalmente, es necesario resaltar que en este sistema, el
éxito o el fracaso de las familias también dependían
de otros factores.
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